Un amarre de amor es un tipo de conjuro capaz de generar en la persona recipiente del ritual sentimientos de amor hacia la persona que lo realiza. Los amarres de amor son tradicionales en muchas culturas latinoamericas y caribeñas, donde se mezclan con elementos de vudú y otras tradiciones mágicas locales. Las religiones abrahámicas (Islam, Judaísmo y Cristianismo) condenan generalmente la utilización de magia, relacionándola con el demonio y otros espíritus malignos.

Desde tiempos muy antiguos la Brujería, los hechizos, los amarres para el amor, las pócimas (pusanga, pachuli, «sígueme sígueme», perfume de amarre eterno, etc) son prácticas muy conocidas para muchos fines, como recuperar a la pareja que se fue de casa, recuperar una relación separada por distancia o terceras personas (familiares, enemigues envidioses, ex-parejas, amantes…), etc.

La Brujería y la Hechicería se dividen en muchas clases, además de utilizarse para diferentes usos, ya sea expulsar a esas personas que no te dejan progresar, expulsar a tus enemigues de tu camino para que seas feliz, poder ser feliz con la persona que amas y que nadie ni nada pueda separarles, para dar muerte o enfermedad a tu rival, etc.

Historia

Los primeros hallazgos de amarres provienen de la antigua Mesopotamia, donde se han encontrado tablillas describiendo rituales de amor en el Periodo Dinástico Arcaico, ya en el III milenio a. C., si bien se han encontrado rituales de este tipo en las tradiciones chamánicas de culturas de cazadores-recolectores del África subsahariana y el Amazonas, lo que sugiere su existencia desde antes de que surgiese la escritura.

Con la aparición de las grandes religiones abrahámicas gran parte de los registros que detallaban estos conjuros fueron destruidos al considerarlos relacionados con el mal. Esto ha llevado a que sólo unos pocos ejemplares se conserven hoy en día, especialmente en aquellos lugares cuyos antiguos lenguajes permanecieron sin ser descifrados hasta tiempos modernos, como Mesopotamia y el Antiguo Egipto.